¿Emocionad@? ¡Recordado!

Quien no ha escuchado o vivido: “Umm… lo tengo en la punta de la lengua…”, “¿Pero a por qué venía yo al salón?”, «¿Qué comí ayer?… Espera…”, y cuántas veces escuchaste a algun@ de nuestros mayores contando después con todo lujo de detalles una historia de cuando era joven y montaba a caballo en la feria, o aquel amor pasajero, o el día de la comunión, o la muerte de su gatito favorito… En ese momento lo cuentan como si de ayer se tratase. La pregunta que suelen hacerme sigue siendo la misma, «¿por qué recuerdo mejor lo que viví de chic@ que de hace 10 años para acá?». La respuesta es sencilla, en el proceso de almacenar la memoria intervienen varios factores, pero sin duda, el principal son las emociones.

Y es que un recuerdo bien anclado en nuestra memoria a largo plazo, va unida seguro a una emoción ya sea ésta positiva o negativa.

Algunos estudios afirman que nuestro cerebro alcanza su máximo apogeo entre los 25 y 30 años. Durante ésos primeros años de vida nos enfrentamos a numerosos acontecimientos novedosos y experiencias únicas. Son etapas de aprendizaje en la escuela, amistades nuevas y cambiantes, la universidad, un nuevo oficio, amores, pérdidas afectivas… Que se consolidan en nuestra memoria, gracias a su poderosa influencia en el plano emocional. A partir de ésta edad no es que dejemos de recordar, pero sí es cierto que las experiencias suelen ser más rutinarias y menos sorprendentes, por lo que el poder del anclaje emocional es más difuso. Otro de los factores importantes que refuerza el anclaje de los recuerdos en nuestra memoria a largo plazo es el sueño. Tan importante es aprender alguna materia como “aprender” a almacenarla. Para ello necesitamos consolidar nuestros recuerdos a través del sueño profundo, donde gracias a los husos del sueño decodificamos la información adquirida durante la vigilia. Y por último y no menos importante son las hormonas. El hipocampo y la corteza cerebral son las regiones implicadas en la formación de recuerdo. La liberación de oxitocina y otras hormonas como la adrenalina, son claves para asociar esas experiencias a la memoria, que se afianzarán cada vez con más fuerza (y quizás más distorsionadas), a nuestro recuerdo.

Por lo tanto, ya que un «recuerdo» no es más que la reminiscencia de la última vez que lo recordaste, cada vez añadirás u omitirás cierta información y crearás un “nuevo recuerdo del recuerdo”.

Desde Estimulación Cognitiva Virtual (ECV), nosotros ayudamos a nuestros mayores a revivir momentos y recuerdos, para que sin desplazarse de su asiento puedan disfrutar y ellos se encargarán de “emocionarse”.

En resumidas cuentas, cuando algo nos emociona mucho es casi imposible olvidarlo, así que no lo olvides y EMOCIÓNATE!

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